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Gestión de riesgos: cómo responder ante incidentes críticos en logística

Fecha: 20/11/2025

Invitados:

Nombre: Deisy Sepúlveda
Cargo: Directora de Riesgos
Empresa: Defencarga
País: Colombia

Nombre: Edison Moreno
Cargo: Jefe de Seguridad Corporativo
Empresa: Calbaq
País: Colombia

Nombre: Valeria Pérez
Cargo: Directora de Operaciones
Empresa: ControlT
País: Colombia

Moderadores:

Nombre: Carolina Sánchez Sánchez
Cargo: Analista de Mercadeo
Empresa: ControlT

País: Colombia

Temas vistos:

  • La anticipación como primer paso del control del incidente
  • Activación inmediata del protocolo y verificación de la seguridad
  • Errores comunes en las primeras reacciones y cómo evitarlos
  • El rol de la tecnología para anticipar, detectar y actuar
  • Importancia de una comunicación clara, centralizada y multicanal

Actuar a tiempo es clave para mantener la operación en marcha.

La gestión de riesgos en logística es una disciplina que permite anticipar, controlar y responder de manera efectiva a los eventos que pueden poner en peligro la operación. No se trata solo de reaccionar ante incidentes críticos, sino de construir capacidades preventivas que permitan identificar amenazas, evaluar su impacto y activar medidas que garanticen la continuidad del negocio. En un sector donde el entorno cambia minuto a minuto —rutas con cierres, riesgos de orden público, fallas operativas, condiciones climáticas adversas, amenazas delincuenciales— la gestión de riesgos se convierte en una competencia estratégica para toda organización.

Durante este webinar abordamos cómo deben ser las primeras reacciones ante un incidente crítico, cuándo activar un protocolo de respuesta y qué errores comunes suelen cometer las empresas al enfrentar bloqueos, fallas del sistema o riesgos en ruta. Nuestros panelistas explicaron por qué la anticipación y el entrenamiento determinan el impacto de un evento, y cómo la falta de madurez en la evaluación de riesgos sigue siendo una de las principales causas de respuestas caóticas o tardías en el sector logístico.

También profundizamos en la importancia de la coordinación entre equipos, la comunicación en momentos críticos y el rol de la tecnología como habilitador estratégico. Desde modelos de IA que predicen interrupciones, hasta simulaciones obligatorias, centros de control robustos y protocolos interdisciplinarios, el webinar ofreció una visión práctica sobre cómo prepararse para escenarios reales. La conclusión fue contundente: la continuidad operativa no depende solo de herramientas, sino de una cultura de riesgo sólida, entrenada y alineada en toda la organización.

Primeras reacciones y control del incidente

Cuando un incidente crítico ocurre en plena operación —por ejemplo, un bloqueo en ruta o una falla en el sistema— el tiempo de reacción define el impacto. ¿Qué pasos deben activarse primero para evitar que el evento escale y afecte toda la cadena logística?

Cuando ocurre un incidente crítico en plena operación —como un bloqueo en ruta o una falla del sistema— el tiempo de reacción determina el impacto. Para definir los primeros pasos, es fundamental entender el rol que cada actor cumple dentro del ecosistema logístico y cómo debe prepararse antes de que un evento ocurra.

Lo primero es reconocer que la gestión no empieza cuando el incidente se materializa, sino mucho antes. La anticipación es clave y se logra mediante un análisis de riesgos que identifique, valore y contemple incluso escenarios poco probables, pues son estos los que generan mayores disrupciones. Muchas organizaciones repiten patrones de error porque no han construido protocolos, controles ni responsables basados en evaluaciones de riesgo acordes a su modelo de negocio. Cuando esto ocurre, la recuperación y continuidad del servicio se dificulta o incluso se vuelve imposible.

El primer paso, entonces, es activar de inmediato el protocolo de respuesta previamente definido, basado en simulaciones y ejercicios técnicos que permitan medir el desempeño operativo. Luego, se debe verificar la seguridad de la operación y de las personas involucradas, y clasificar el evento para determinar si es crítico o no. Con base en esa clasificación, se notifica al equipo responsable y se activan los comités o salas de crisis establecidos.

Garantizar la continuidad del negocio requiere activar los respaldos y planes definidos para contingencias, evaluando el impacto de la disrupción según el servicio afectado. Finalmente, es indispensable establecer una comunicación temprana, clara y precisa tanto interna como externamente, siguiendo lineamientos previamente definidos.

Muchos de los riesgos críticos del sector —bloqueos, siniestros viales, ataques cibernéticos, contaminación con narcóticos, suplantación o fraudes por canales como WhatsApp, entre otros— no se gestionan a tiempo porque las organizaciones carecen de evaluaciones de riesgo o protocolos actualizados. Esto refleja niveles de madurez bajos y una débil cultura de riesgo.

El mensaje central es claro: anticiparse y prevenir no es opcional. En logística y transporte de carga, los riesgos evolucionan constantemente. Por eso, toda la organización debe contribuir a su identificación, monitoreo y mitigación, no solo los equipos de seguridad o riesgos. Cada colaborador se convierte en un sensor clave para mejorar la capacidad de respuesta y la continuidad operativa – Deisy Sepúlveda

Cuando ocurre un evento crítico, la primera reacción suele ser caótica: llamadas, órdenes cruzadas, presión por reactivar la operación. ¿Qué errores de reacción se repiten en distintas compañías y cómo se pueden evitar?

Cuando ocurre un evento crítico, la reacción inicial suele ser caótica: llamadas simultáneas, órdenes cruzadas y presión por reactivar la operación. Estos errores se repiten porque, cuando la amenaza se materializa, el factor sorpresa también toma por sorpresa a los equipos de seguridad, custodia y monitoreo. Esto genera confusión y respuestas improvisadas.

Para evitarlo, las empresas deben trabajar previamente en escenarios posibles. Los ejercicios de anticipación —como matrices de riesgo y simulaciones— permiten definir rutas de acción claras para reaccionar de forma proactiva, no reactiva. En contextos donde las amenazas cambian constantemente, como ocurre hoy por la fragmentación delincuencial en países como Ecuador, la preparación es indispensable.

Un elemento clave es contar con un centro de monitoreo y control bien estructurado (C3, C4 o C5), donde la seguridad, operaciones y liderazgo mantengan una comunicación integrada. Esto permite unificar criterios y asegurar respuestas inmediatas que garanticen la continuidad operativa.

La recuperación también debe ser medida: cuánto tiempo tarda, qué decisiones se escalan y cómo se coordinan los equipos. La respuesta no puede depender de la improvisación. Debe existir una guía escrita que indique cómo actuar, qué pasos seguir y quién toma cada decisión. Ningún jefe de central debe “inventar” la reacción en medio de la emergencia.

Aunque la anticipación no evita que el riesgo ocurra, sí permite a la organización ubicarse mejor, reaccionar con lógica y ejecutar respuestas eficientes frente al incidente – Edison Moreno

La tecnología hoy no solo permite visibilidad en tiempo real, sino también anticiparse a los riesgos. ¿Cómo están ayudando la inteligencia artificial y los modelos predictivos a mitigar los impactos de interrupciones logísticas en América Latina?

Esta pregunta es especialmente relevante porque la logística en América Latina convive a diario con la incertidumbre: infraestructura limitada, vías con cierres constantes, riesgos de seguridad, condiciones climáticas impredecibles y brechas de conectividad. Por eso, la capacidad de anticiparse al riesgo se vuelve cada vez más valiosa. Ya no basta con reaccionar después de que ocurre un evento; hoy necesitamos preverlo, simularlo y mitigarlo antes de que impacte la operación.

La inteligencia artificial y los modelos predictivos están permitiendo ese cambio. Actualmente se entrenan modelos con datos de siniestralidad vial, patrones de conducción, historial de accidentes y variables ambientales. Con esta información, es posible generar alertas tempranas, identificar puntos críticos, anticipar horarios de mayor riesgo e incluso prever comportamientos relacionados con la conducción.

En países como Colombia, donde la topografía y el clima generan cierres constantes, estos modelos ayudan a estimar probabilidades de interrupciones y prepararse con anticipación. Las cámaras con IA también aportan información valiosa: detectan señales de fatiga, distracciones y comportamientos riesgosos, lo que permite intervenir antes de que ocurra un incidente.

En conjunto, estas tecnologías no solo ayudan a prevenir accidentes y mejorar la seguridad en la vía; también reducen costos, mejoran la eficiencia y disminuyen la exposición a eventos críticos. La IA convierte el riesgo en algo medible, anticipable y gestionable, algo esencial en un entorno logístico tan cambiante como el de América Latina – Valeria Pérez

«En logística, un incidente crítico no empieza cuando ocurre, sino cuando una empresa decide no anticiparse. La diferencia entre el caos y la continuidad está en la madurez para evaluar riesgos y entrenar a toda la organización para responder bajo presión.»

Deisy Sepúlveda

Directora de Riesgos, Defencarga

Priorización, coordinación y comunicación en crisis

En una crisis, todos los riesgos parecen urgentes. ¿Cómo debe priorizar una empresa qué atender primero: la seguridad física, la continuidad del servicio o la comunicación con clientes?

Esta pregunta es clave porque, en una crisis, muchas organizaciones sienten que todo es urgente. Sin embargo, si todo es urgente, nada lo es. Por eso es fundamental que las empresas tengan previamente conformado un comité de crisis, junto con criterios claros que permitan diferenciar entre un incidente, una emergencia y una crisis. Esa clasificación es la base para evitar que todos los eventos se traten como prioridad máxima.

Una vez ocurre un evento crítico, la empresa debe enfocarse en tres principios esenciales. El primero son las personas: su seguridad e integridad. Sin las personas, no hay operación posible. Este debe ser siempre el primer filtro. El segundo es garantizar la continuidad del servicio. En el sector logístico, dejar de atender a un cliente tiene impactos operativos, contractuales y reputacionales, por lo que activar los planes de contingencia es determinante. Esto implica rutas alternas, proveedores de respaldo, contingencias tecnológicas o de infraestructura, según el tipo de operación.

Aquí es clave recordar que, si estos protocolos no se han probado en simulaciones previas, es probable que el equipo no los conozca o no esté preparado para activarlos. Por eso, las simulaciones son fundamentales para que todas las áreas que intervienen en la respuesta sepan qué hacer.

El tercer elemento es la comunicación. Una crisis mal comunicada se convierte en otra crisis. Por eso, la organización debe tener un vocero o responsable de comunicaciones que articule mensajes claros y evite improvisaciones. La falta de control en la comunicación genera errores comunes: difusión de información sensible, exposición innecesaria en medios o incluso declaraciones de actores como conductores o personal operativo que amplifican la incertidumbre o afectan la reputación de la empresa.

Además, es necesario monitorear lo que se publica en medios y redes, especialmente porque hoy cualquier persona en ruta puede ser entrevistada y dar versiones que comprometan a la empresa o al cliente. También se debe tener extremo cuidado al informar a clientes o grupos internos sobre eventos como hurtos, volcados o contaminaciones, evitando divulgar datos como tipo de mercancía, rutas o información operativa crítica.

Finalmente, es indispensable contar con responsables definidos para cada rol dentro del comité: alguien para la operación, alguien para comunicaciones, alguien para el análisis y seguimiento, y alguien para continuidad del negocio. Cuando los riesgos están identificados y los protocolos claros, la priorización no se improvisa: simplemente se ejecuta. Ese es el nivel de madurez al que las organizaciones deben avanzar para enfrentar escenarios cada vez más complejos y poco probables, pero que generan grandes disrupciones en el sector logístico – Deisy Sepúlveda

En un incidente grave —robo en ruta, desvío no autorizado o ataque a la infraestructura— el equipo de seguridad no puede actuar solo. ¿Cuál es el modelo de coordinación ideal entre seguridad, operaciones y dirección para tomar decisiones rápidas y unificadas?

En la operación táctica, especialmente durante el traslado seguro de la carga, pueden existir múltiples modelos de coordinación. Sin embargo, hay dos estructuras esenciales que deben estar correctamente establecidas: un centro de control sólido y un comité de crisis bien articulado.

El centro de control es la base de la coordinación. Su equipo debe operar bajo un lenguaje claro y alineado, donde el jefe de seguridad marque el ritmo y sea quien lidere la toma de decisiones en tiempo real. Este centro debe estar conectado con el direccionamiento legal de la compañía y con las políticas definidas para actuar durante una emergencia. Dependiendo del nivel de inversión y madurez de cada organización, este centro puede funcionar como un C3, C4 o C5, pero siempre debe garantizar una comunicación fluida entre seguridad, operaciones y dirección.

En situaciones críticas, como un robo en ruta o un ataque a la infraestructura, el custodio o el equipo de seguridad en campo no puede recibir instrucciones dispersas ni contradictorias. Necesita una sola línea de mando, clara y unificada. Cuando esto no ocurre, surge la incertidumbre: el personal operativo no sabe qué esperar ni cuánto respaldo tiene, lo que debilita la respuesta y aumenta el riesgo.

Por eso, es fundamental robustecer el centro de control con personal capacitado, protocolos establecidos y una bitácora de respuestas claras para no improvisar. Si el nivel del riesgo escala, el comité de crisis debe activarse para alinear políticas, validar decisiones y dar soporte estratégico. A su vez, operaciones debe reaccionar de inmediato ante necesidades como trasbordos de carga, manejo de ventanas de cargue y descargue o movimientos críticos dentro de la cadena.

En muchas empresas, el error común es que, una vez el vehículo sale a ruta, se asume que la responsabilidad recae solo en el jefe de seguridad. Cuando ocurre un incidente, todos se enteran tarde, incluso por noticias externas, y el custodio se siente abandonado. La coordinación ideal, por el contrario, asegura acompañamiento constante mediante herramientas tecnológicas, comunicación continua y una estructura de liderazgo que dé soporte real durante toda la operación – Edison Moreno

En momentos críticos, la comunicación con clientes, transportistas y proveedores puede romperse o volverse lenta. ¿Qué herramientas o prácticas han demostrado mantener alineados a todos los actores cuando el sistema está bajo presión?

En logística —especialmente en transporte— la comunicación es tan crítica como la trazabilidad. Cuando ocurre una contingencia, como un cierre vial, un bloqueo, una falla operativa o un incidente de seguridad, la comunicación suele ser lo primero que se afecta, y al mismo tiempo es lo que determina si la operación puede recuperarse de manera efectiva.

Una de las prácticas más efectivas ha sido el uso de plataformas colaborativas, donde todos los actores trabajan sobre la misma información: clientes, generadores de carga, transportadores, operadores y proveedores tecnológicos. Esto elimina cadenas interminables de correos, llamadas paralelas y versiones contradictorias que pueden distorsionar la realidad del evento.

También es clave integrar canales multimediales y herramientas que permitan una comunicación simultánea y ágil. Las torres de control, sistemas de monitoreo, notificaciones automatizadas, WhatsApp corporativo, mensajería instantánea o incluso chatbots pueden mantener informados a los actores sin depender completamente de un recurso humano disponible.

En momentos críticos, contar con una única fuente de verdad es esencial. Esto debe complementarse con protocolos claros que definan quién informa, por qué canal, cada cuánto y en qué momento. Tener estos lineamientos reduce la improvisación y evita que se tomen decisiones desalineadas.

En resumen, mantener alineados a todos los actores durante una contingencia depende de tres factores:

  1. Plataformas colaborativas con información centralizada.
  2. Multicanalidad para facilitar la comunicación en tiempo real.
  3. Protocolos claros y consistentes para informar y responder.

Con estas prácticas, no solo fluye mejor la comunicación, sino que también se preserva la confianza entre todos los actores del ecosistema logístico – Valeria Pérez

“La diferencia entre perder el control y mantener la continuidad operativa está en una sola cosa: preparación. Sin simulaciones, sin roles claros y sin un centro de mando unificado, cualquier incidente se convierte en crisis.”

Edison Moreno

Jefe de Seguridad Corporativo, Calbaq

Preparación, Cultura y Continuidad Operativa

Muchas empresas tienen planes de contingencia documentados, pero cuando llega el momento de activarlos, no funcionan como se esperaba. ¿Qué elementos diferencian un protocolo que funciona en una simulación de uno que realmente funciona bajo presión?

Muchas empresas cuentan con planes de contingencia documentados, pero cuando llega el momento de activarlos, estos no funcionan como se espera. Esto ocurre porque, aunque el protocolo exista en papel, no ha sido construido ni entrenado de manera adecuada para funcionar bajo presión.

Lo primero que debe entenderse es que estos planes no pueden ser responsabilidad exclusiva del área de seguridad o de riesgos. Deben ser diseñados de manera interdisciplinaria, involucrando comercial, tecnología, operaciones y la torre de control, ya que todos estos actores participan en la respuesta cuando un evento crítico se materializa.

Uno de los principales problemas es que, en situaciones reales, el personal que debe activar el protocolo —especialmente en las torres de control— no consulta el documento, lo olvida o ni siquiera lo tiene presente. Esto pasa porque el protocolo no ha sido interiorizado ni puesto en práctica. Aquí es donde la simulación cobra un valor clave.

Un protocolo puede estar muy bien estructurado, pero si el equipo nunca ha sido entrenado para ejecutarlo, es muy probable que falle en un escenario real. Por ejemplo, hay personas que, por temor o falta de práctica, no saben cómo escalar una situación a un cliente o cómo comunicarse con autoridades durante un evento crítico, aunque el procedimiento exista.

La diferencia entre un protocolo que funciona en una simulación y uno que funciona en la vida real radica en tres elementos fundamentales:

  1. Entrenamiento constante: Simular distintos escenarios, medir tiempos de reacción, evaluar comunicación y validar roles.
  2. Preparación emocional: Las personas deben estar entrenadas para manejar presión, miedo y toma de decisiones rápidas.
  3. Claridad en responsabilidades: Cada actor debe saber exactamente qué hacer, a quién informar y cómo proceder, sin improvisar.

En resumen, un plan de contingencia solo funciona cuando, además de estar documentado, ha sido practicado, entendido y apropiado por todos los equipos que deben ejecutarlo. Solo así puede transformar un documento teórico en una respuesta efectiva bajo presión – Deisy Sepúlveda

Las empresas suelen reaccionar una vez afectadas, y pocas tienen activados planes tácticos basados en escenarios reales. ¿Qué ejercicios de simulación o entrenamiento deberían ser obligatorios en cualquier empresa logística antes de enfrentar una crisis real?

Las empresas suelen reaccionar solo cuando ya han sido afectadas, y pocas cuentan con planes tácticos basados en escenarios reales. Por eso, los ejercicios de simulación deben ser parte esencial de la preparación. Existen diferentes tipos de simulacros —de campo, semi reales, en papel o basados en escenarios—, pero lo más importante es que todos los involucrados entiendan claramente el objetivo, el alcance y su rol dentro del ejercicio.

Para que una simulación sea útil, no basta con ejecutar el ejercicio y “cumplir el objetivo”. Es necesario medir resultados: tiempos de respuesta, tiempos de continuidad, recuperación de carga, cambios de carga, manejo de pérdidas, entre otros. Estos indicadores permiten evaluar si la empresa realmente está preparada o si el protocolo falla bajo presión.

Edison también resalta la importancia de alternar entre simulacros avisados y no avisados, ya que los segundos permiten medir variables reales de sorpresa, presión y coordinación. Ningún ejercicio debería diseñarse desde un solo rol; la preparación debe involucrar un grupo colegiado: seguridad, operadores logísticos, personal de custodia, empresas transportadoras, almacenadoras y todos los actores relevantes de la operación.

Otro elemento clave es trabajar sobre un histórico de eventos. No se puede simular adecuadamente si la empresa no conoce sus incidentes pasados o no comparte información con otras organizaciones. La cooperación interinstitucional permite ampliar los escenarios y anticipar situaciones poco comunes, que paradójicamente son las que más tienden a suceder, ya que los delincuentes también realizan inteligencia y buscan brechas donde las empresas no están preparadas.

En resumen, las simulaciones obligatorias deben ser variadas, interdisciplinares, basadas en datos reales y diseñadas para medir tiempos y capacidades de respuesta. Solo así una empresa estará lista para enfrentar una crisis real – Edison Moreno

La tecnología permite ver lo que está pasando, pero no siempre asegura que alguien tome la decisión correcta a tiempo. ¿Qué procesos o automatizaciones ayudan a convertir la información en acción sin depender 100% del factor humano?

En logística, uno de los mayores retos es que muchas empresas ya lograron visibilidad, pero no han logrado transformar sus procesos operativos. Aunque tienen acceso a datos en tiempo real, siguen dependiendo de llamadas constantes al conductor o de validaciones manuales. Esto hace que la toma de decisiones siga siendo lenta y vulnerable al error humano.

Por eso, los procesos y automatizaciones juegan un papel fundamental. Hoy, la tecnología permite configurar sistemas basados en excepciones, que activan alertas solo cuando ocurre algo que realmente requiere intervención. Esto elimina trabajo operativo y concentra el esfuerzo humano en eventos críticos.

Valeria explica que la clave está en implementar procesos automatizados de respuesta, donde el sistema no solo detecte una desviación, sino que también ejecute acciones. Por ejemplo:

  • Si un vehículo se desvía de una ruta autorizada, el sistema puede activar automáticamente un protocolo de seguridad, iniciar una llamada automatizada o generar una alerta prioritaria.
  • En operaciones con cargas de temperatura controlada, los nuevos equipos permiten ajustar parámetros de manera remota cuando se detecta una anomalía, evitando la pérdida de producto y reduciendo tiempos de reacción.
  • La tecnología también permite entrenar bots o agentes inteligentes capaces de interpretar sonidos o señales del entorno, identificar factores de riesgo y activar escalaciones automáticas.

De esta forma, la automatización se convierte en un aliado que asume la parte táctica, permitiendo que el equipo humano se concentre en las decisiones estratégicas y de alto impacto.

Un elemento central para que esto funcione es estandarizar protocolos y reglas claras: qué eventos se atienden automáticamente, cuáles requieren intervención humana y cómo se clasifica cada tipo de riesgo. Con reglas bien definidas, la tecnología realmente puede convertirse en un sistema confiable que transforma datos en decisiones y decisiones en acciones.

En resumen, la automatización no reemplaza al humano: lo libera de tareas operativas y lo enfoca en lo que realmente agrega valor, asegurando que la información no solo se vea, sino que genere acciones oportunas para proteger la operación – Valeria Pérez

“La logística moderna no se gestiona reaccionando, sino prediciendo. Los modelos de IA son hoy la diferencia entre detener la operación y mantenerla en movimiento.”

Valeria Perez

Directora de Operaciones, ControlT

Preguntas del Público

¿Qué rol juega la tecnología, como la analítica o los sistemas de monitoreo con IA, en la respuesta ante incidentes críticos dentro de la gestión de riesgos logísticos?

La tecnología cumple un rol fundamental en la gestión de riesgos logísticos, pero es importante aclarar que no lo resuelve todo por sí sola. Herramientas como la analítica y los sistemas de monitoreo con inteligencia artificial son poderosas y habilitan muchas capacidades, pero siempre operan dentro de ciertos límites, especialmente en contextos tan dinámicos como el colombiano, donde influyen factores humanos, situaciones de orden público o condiciones climáticas cambiantes.


La tecnología permite ver lo que está pasando e incluso predecir lo que podría ocurrir, pero el criterio humano sigue siendo indispensable para interpretar el contexto real y tomar decisiones acertadas. En incidentes críticos, la combinación de ambos es la que realmente funciona.

Valeria destaca tres aportes claves de la tecnología:

  1. Detección temprana de incidentes:
    La analítica y el monitoreo inteligente permiten identificar anomalías o riesgos mucho más rápido.
  2. Comprensión del impacto operativo:
    Las herramientas tecnológicas ayudan a dimensionar la severidad del evento, su alcance y las áreas afectadas.
  3. Toma de decisiones basada en datos:
    Al contar con información confiable y oportuna, las empresas pueden estandarizar respuestas y ejecutar acciones más precisas.

En conclusión, la tecnología gestiona lo medible, predecible y automatizable, mientras que el ser humano sigue siendo esencial para manejar lo inesperado, lo emocional y lo que requiere juicio estratégico. La fortaleza está en integrar ambos elementos para responder con eficacia ante incidentes críticos.

 

¿Cómo tomar las medidas preventivas y planes de acción ante los riesgos críticos en el sector de logística?

Las medidas preventivas deben partir de un enfoque sistemático y del nivel de madurez de cada organización dentro del sector logístico y de transporte. Para poder definir acciones efectivas, lo primero es entender el contexto del negocio y los riesgos propios del sector.


Esto implica analizar el territorio, sus dinámicas y los lugares donde existe operación activa. En 2024 y 2025, por ejemplo, el riesgo de orden público ha crecido de manera significativa y afecta tanto las rutas como las operaciones en origen y destino. La infraestructura vial, los perfiles de carga y los puntos críticos también influyen en la exposición al riesgo, así como la tercerización y los riesgos asociados a proveedores o aliados con quienes se comparte la operación.

Una vez entendido el contexto, el siguiente paso es
construir un análisis de riesgos robusto. Este documento no puede ser estático ni realizarse solo por cumplimiento: debe actualizarse continuamente, porque los riesgos del sector evolucionan rápidamente. Es necesario identificar técnicamente los riesgos, valorar su probabilidad e impacto, y definir controles preventivos y reactivos. Ese análisis debe complementar los planes de continuidad del negocio, que también deben mantenerse vigentes y actualizados.


Muchas empresas elaboran el análisis de riesgos una vez y no vuelven a revisarlo. La recomendación es establecer una
periodicidad clara, especialmente para operaciones con mayores niveles de riesgo: cada seis meses, como buena práctica, se deberían revisar los protocolos, actualizar planes de contingencia y realizar ejercicios de simulación.


Las organizaciones deben enfocarse en tres tipos de controles:

  1. Controles para evitar que el riesgo ocurra.
  2. Controles para mitigar el impacto si el evento se materializa.
  3. Controles para recuperarse y garantizar la continuidad del negocio.

Finalmente, Deisy enfatiza que la prevención no es opcional. Ninguna empresa del sector es inmune a eventos de alto impacto que pueden generar disrupciones severas, comprometer la operación o incluso la continuidad del servicio. Por eso, anticipación, revisión constante y capacidad de recuperación deben ser pilares fundamentales en la gestión de riesgos logísticos.

 

¿Qué tan recomendable es involucrar a los transportistas o proveedores externos en los planes de contingencia de la empresa?

Hoy la compartimentación de la información cumple un rol fundamental en la operación. Sin embargo, también debemos recordar que la cadena de suministro no puede detenerse y que la seguridad no debe convertirse en un “stopper”, sino en un habilitador estratégico.

Bajo esa premisa, es necesario
compartir cierta información con transportistas y proveedores, aunque no el total del plan de contingencia. No compartir nada puede generar problemas operativos, especialmente en momentos donde la continuidad depende de una coordinación efectiva.

Es cierto que, dadas las condiciones actuales, algunos prefieren no entregar datos sensibles —como puntos de control o tiempos exactos de respuesta— por el riesgo de que esta información sea utilizada por actores delincuenciales. Pero aun así, es indispensable compartir información clave de manera controlada para que conductores y custodios sepan
cómo actuar, cómo comunicarse y qué decisiones tomar durante un evento crítico.

En situaciones de riesgo suele haber desconfianza entre actores: el operador logístico, el custodio, el gerente de seguridad. Pero esa falta de comunicación termina debilitando la operación. Por eso, la recomendación es compartir información de forma
dosificada y calificada, según el rol de cada actor y bajo mecanismos que reduzcan el riesgo de filtración.

La tecnología también juega un papel importante:

  • Para proteger la información sensible.
  • Para limitar lo que se comparte.
  • Para evitar registros en correos o chats que puedan ser reenviados.

Edison recomienda que la información más crítica se entregue verbalmente, en reuniones de briefing o debriefing, en lugar de dejarla documentada en canales digitales que puedan ser expuestos durante una coacción en ruta.

En resumen, sí se debe involucrar a los transportistas y proveedores, pero bajo un esquema de compartimentación inteligente, donde cada actor recibe solo lo necesario para actuar, mantenerse seguro y garantizar la continuidad operativa.

Conclusiones del webinar

El webinar dejó claro que la gestión de riesgos en logística no es un proceso reactivo, sino una capacidad estratégica que integra anticipación, preparación y coordinación.

Las empresas que realmente logran responder bajo presión son aquellas que entrenan a sus equipos, actualizan sus análisis de riesgo, documentan y prueban sus protocolos, y combinan tecnología con criterio humano.

En un entorno donde los incidentes críticos evolucionan y se vuelven cada vez más complejos, la continuidad operativa depende de la madurez organizacional para identificar amenazas, actuar con rapidez y comunicar con precisión.

En definitiva, gestionar riesgos no es evitar que los eventos ocurran, sino estar listos para proteger a las personas, la operación y la cadena logística cuando sí suceden.

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